El miedo en los niños
El miedo es una etapa importante en la vida de un niño. Llega a ser tan importante que, el miedo, de alguna u otra manera sigue presente en nuestras vidas cuando nos hacemos adultos.
El miedo es un sentimiento natural del hombre. Nace desamparado y con mayor necesidad de protección que cualquier otro animal. Cuando somos niños recorremos un camino lleno de miedos: miedos innatos, normales, aprendidos y transmitidos...
¿Que podemos hacer para ayudar a nuestro hijo a vencer sus miedos?
Lo primero que tenemos que hacer es entender el miedo. El miedo es un estado anímico que actúa en nuestro cuerpo. Es como un sistema de alarma que nos alerta de algún peligro. En este sentido el miedo nos protege. Este miedo activa nuestra capacidad, eleva al máximo nuestra vigilancia, aumenta la precaución, etc.
Pero también existe, de modo paralelo, un miedo falso, que se produce cuando nuestro sistema de alarma no funciona todo lo bien que debería. Es un miedo falso, que paraliza e impide la actuación prudente y que puede llegar a destruir nuestro equilibrio personal.
Todo miedo consta de tres componentes:
El componente cognoscitivo: Reconocimiento del peligro tras la percepción de señales peligrosas.
El componente fisiológico: Cambios en el cuerpo (humedecimiento de manos, aceleración de los latidos del corazón,...)
El componente motor: Produce características reacciones musculares (movimientos automáticos de huida y defensa).
Clases de miedos....
Dentro de las clases de miedo, hay algunos normales y otros que no lo son tanto.
El miedo normal lo producen estímulos con una gran intensidad, son novedosos, especiales estímulos de peligro, que se han formado a través de la evolución biológica y estímulos que proceden de la convivencia social (la oscuridad, la soledad, ...). Estos estímulos se pueden presentar con una intensidad muy diferente en cada caso.
El miedo patológico, que se producen en el niño cuando determinados miedos se repiten con frecuencia, si persisten una vez pasada una edad razonable o si sus manifestaciones de miedo son muy intensas.
El miedo innato es con el que reaccionan los bebés desde el primer día de su vida. Grandes ruidos, dolor, desamparo,... Estos miedos deben ir desapareciendo con el aumento de la experiencia y de ningún modo deben fijarse en una edad concreta, ya que influirían negativamente en el desarrollo madurativo del niño.
El miedo aprendido que no es otro que el que se tiene después de una experiencia negativa. Algunas veces de este miedo pueden surgir fobias.
En los niños pequeños los miedos surgen de todos los cambios que impliquen una situación amenazante para ellos.
Para superarlo es necesario adaptarse a esas nuevas situaciones y, esa adaptación, debe ser una constante a partir de los primeros años de su vida.
Los niños tienden a generalizar los estímulos del miedo, esta es la causa de que muchas veces no sean comprensibles sus temores. El miedo al médico puede extenderse a todas las personas que lleven bata blanca; el miedo o la angustia en la alimentación puede llevar al niño a aborrecer la comida. La oscuridad permite que la imaginación del niño explique muchas cosas, todo lo que no se ve provoca el miedo de saber o de ver. Durante la noche puede suceder todo: los papás están lejos y no pueden protegerme.
Como superar el miedo
1. Principios generales:
- Dándole información sobre los nuevos estímulos y nuevos acontecimientos.
- Explicándole modelos adecuados para prevenir el miedo. Para esto hay que evitar las ocasiones que le provoquen ansiedad para ir prepárandole con el fin de que pueda afrontar las nuevas situaciones.
- Saber calmar al niño. Hay que intentar comprenderle mostrándole más afecto y no burlándose de él.
- Nunca emplear el temor como medio educativo, emplear métodos educativos comprensivos y progresivos. Así, cuando se detecte el miedo a la oscuridad, se debe iniciar y continuar un proceso de adiestramiento para perder este miedo, dejando un poco de luz al principio, disminuyendo paulatinamente la intensidad de la misma.
- Llevarle a un especialista siempre que se detecten anomalías fuertes y considerables. Por ejemplo: -Siempre que sus temores sean intensos, frecuentes y prolongados. -Siempre que su estado de ansiedad e inquietud sea habitual. -Cuando se trate de prolongadas fobias nocturnas. -Cuando aparezcan tics especiales. -Cuando se le detecte cada vez más hipertenso.
2. Normas particulares:
- La incertidumbre puede causar más miedo que el objeto realmente temido. La imaginación se puede y se debe controlar. Es una cuestión de disciplina y práctica.
- No se debe huir nunca de los temores. Hay que enfrentarse a ellos y analizarlos.
- También ayuda el calcular el número de probabilidades de que suceda aquello que se teme. Es decir racionalizar el miedo.
- Se reduce el nivel de miedo hablando de él a los demás.
- Debemos afrontar los problemas de modo inmediato. Si no nos enfrentamos a los temores desde pequeños, estos se agrandarán enormemente y será más difícil eliminarlos.
Conclusión:
Es un error dejar que tus hijos sufran con los temores corrientes de la niñez pensando que pronto los superarán.
Afrontar los problemas cuando surgen, constituye un medio seguro para evitar que nuevos temores cristalicen en auténticos pánicos, obsesiones y ansiedades crónicas.